El Tornado de Vainilla

Torta casera de vainilla

¿Para poner a LLORAR a PAPÁ?

“Es para ti Jorge, feliz día del padre”

Coloqué esta torta de vainilla frente a sus ojos. Estaba triste, lo sé, aunque se esforzaba por disimularlo. Sus hijos andan ahora en España y su situación es tan complicada que sabe, no podrán llamarlo mañana… y este es un tipo sentimental, el más sentimental de todos. Así que hoy, como amigo, vine a celebrarle el día del padre.

Elegí este regalo: “La mejor torta” ¿Qué más se le puede dar a un amigo sibarita? “Una torta salvadora”… Así le digo yo al “Tornado de Vainilla de la Petite Madeleine”, una torta caserita tan hermosa y delicada, que llena el vacío, te da paz y te reconcilia con la vida. Al menos eso siento: Es viaje, es lágrima, es recuerdo y libertad.

Corté una rebanada y se la pasé, así, sin servilleta ni nada, mientras las sueltas boronas llovían sobre sus piernas…
Sostuve la respiración. Aquí estoy pintado yo, queriendo siempre disolver el desaliento con algún bocado divino.

Miró el pedazo con cierto desinterés, pero al morder ese triángulo mullido, suave y mantequilludo, su desinterés se transformó en sorpresa. Le brillaron los ojos!
-¿Y esto? ¿De dónde es?
Me dio risa. Su aspecto de viejo triste cambió por el de un chiquito goloso, curioso e inquieto.
-Sabe a la torta de la abuelita! y se echó a reír, y luego se le encharcaron los ojos y rió nuevamente con más fuerza. Se llenó de una paz clarita. Fui testigo de una marea de emociones que nunca imaginé que fuera posible tras un bocado. Se olvidó de su tristeza, al menos el tiempo que estuve con él; y mientras comía arreglamos y desarreglamos el país como cien veces… Y despachamos la bendita torta entre los dos; él con ron y yo con café! Ni una migaja quedó. “Qué gusto haberte servido así, mi querido amigo. He vuelto a encontrarme con el tipo soñador y feliz que siempre has sido”.

De vuelta a casa paré en el Carulla de Oviedo y compré otro de estos “Tornados de Vainilla de La Petite Madeleine” para dárselo ahora a mis hijos. Que sepan que mañana, si están lejos y si yo no estoy cerca, este sabor divino y esta divina textura siempre los volverá a traer a casa y a mis brazos… así hayan pasado cien años!

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