Una NOCHE de PLACER y LUJURIA culinaria en Bogotá

Pesquera jaramillo en bogotaEsta fue una de las experiencias más profundas de mi vida. Y me alegra decir que no fue en Barcelona, Nueva York, Londres o París… Sucedió en Bogotá!

Sobre la mesa reposaban bogavantes de Nueva Escocia, -los más famosos del mundo-, ostras gigantes de las costas bretonas en Francia, pulpos de Marruecos, medallones de atún blanco y un Rodaballo del Cantábrico, servido en brillante exaltación a su frescura y procedencia. Una marea de fragantes y enloquecedores acentos; como nada que hubiera sentido antes. Ni imaginaba que existiera en Colombia un restaurante con semejante despliegue de productos. Los lujuriosos manjares que describe Bourdain en sus libros, cobraban vida frente a mis ojos ¡como película de extravagancias culinarias!

-¿De verdad?- Fue la pregunta que le hice a Daniel, el joven chef de Pesquera Jaramillo. -Esto es casi imposible!
-No para el dueño de este restaurante-, respondió con seguridad. -Es un tipo exigente en busca de la perfección. Viaja por los rincones del mundo tratando de encontrar los más naturales, sabrosos e insólitos frutos del mar. Allí donde exista un bocado celestial, allí lo encuentra él para luego servirlo en su Pesquera Jaramillo. Esa es su vida. Luego se dedica a montar la logística para que lleguen intactos a la mesa, garantizando su frescura y su sabor. Ni te imaginas el esfuerzo y la precisión ¡Como esos bogavantes!-, me dice señalando una pecera gigante en medio del salón. -Son traídos vivos de Canadá. Los mejores del mundo!

Metí el tenedor en la carne blanca y regordeta del firme bogavante, sacrificado 3 minutos antes de llegar a mi boca. Fui testigo de su deceso. Bastó un golpe de calor para revelar la dócil grandeza de este habitante del mar y sus gráciles carnes.

Cada plato más sorprendente que el anterior. Un éxtasis creciente me invadía al ver llegar a los meseros con algún nuevo misterio bajo las campanas. Y, cuando me creí anestesiado ante tanta maravilla, aparecieron las ostras gigantes, conchas del tamaño de mi mano. Lucían húmedas y carnosas! Sentí un poco de temor ¿tendría boca para semejante molusco? Puse un poco de limón, un tanto de sal gruesa y la halé de la valva en un sensual abrazo de labios… Hasta vergüenza sentí, el acto me remitió a otros placeres más carnales; se me calentó la sangre! La ostra liberada soltó sus jugos a mar, sal y metal. Sostuve su resbaladizo cuerpo unos segundos sobre la lengua, antes de terminar en un mordisco, tan cremoso, que me entregó incluso, un tenue dulzor interior.

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-¿Algo más?- pregunté con temor a recibir una respuesta final. Ya no quería parar. A estas alturas mis sentidos vibraban a tal velocidad que detenerlos habría sido la muerte.

-Rodaballo del Cantábrico, traído de Galicia-, soltó Daniel con voz exaltada- Uno de los platos más suntuosos de la historia-

Separé sus fibras y las apreté entre lengua y paladar, buscando dar justo final a tan delicada golosina. Saboreé sus firmes y finas carnes con agradecimiento. Un pescado meloso, de poca grasa y gran sabor. Entendí por qué le llaman “El Faisán del mar”.

Esta ha sido para mí, una de las experiencias más hermosas y reveladoras! Un recuerdo que me acompañará hasta el final de mis días como glotón! Y como testigo de tal epifanía pongo a Federico Trujillo Uribe, mi amigo y maestro, quien me acompañó en este alucinante periplo gastronómico.

Pesquera Jaramillo​

Para reservar Click Aquí
tel: (034) 257-2528
Calle 93a no 11a-31
Bogotá

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