Abandoné a mi Familia

la familia abandono

En el trabajo lo aguantamos todo: los gritos del jefe, los malos días de los compañeros, las exigencias de clientes y proveedores… luego salimos de ahí para encontrarnos con los amigos y, a pesar de la dura jornada, tenemos tiempo y ganas para escuchar y resolver sus problemas… “para eso son los amigos ¿no?”

Unas horas más tarde llegamos a casa y, sin saber por qué, ya no somos los mismos. No nos interesa saber qué pasa con nuestras parejas ni con nuestros hijos. Si nos piden algo, refunfuñamos: “desconsiderados”, exigimos que se nos respete… estamos muy cansados de “matarnos para que ellos puedan vivir bien”. Pero si nos llama el jefe o un amigo con algún problema, así sean las 3 de la mañana, respondemos con interés… orgullosos de ser necesitados.

Nuestras esposas y esposos, nuestros hijos se han quedando solos… “porque estamos muy cansados”. Ellos siempre serán los últimos. Suponemos que sus cosas no son tan importantes así que siempre pueden esperar… hemos inventado la excusa perfecta: “Todo lo que hago es para que no les falte nada…” y nos sentimos héroes incomprendidos: “qué ingratos son los niños de hoy”.

¿Y si resultan problemáticos? culpamos a sus amigos o a nuestra pareja, reponsabilizamos al internet, al colegio, a la sociedad de hoy… y en vez de aceptar nuestras fallas, y en vez de ponernos los pantalones para luchar por ellos, como lo haríamos en el trabajo, los mandamos al psicólogo. Que otros lo resuelvan… porque nosotros, lo único que por costumbre sabemos ofrecerles son críticas y reproches… hasta por las cosas más estúpidas.

Con los años descubrimos que nuestras familias “vivieron bien”; pero perdieron lo más importante: su sentido de común unión. Nos damos cuenta que sembramos en el lugar equivocado y que al final, terminamos siendo infelices… e hicimos infelices a los demás… Fuimos profesionales exitosos; pero en el fondo seguimos vacíos… olvidamos ser exitosos en lo más importante. Cuando el trabajo no esté más, cuando el éxito no importe más, nos daremos cuenta del hastío y la soledad con que alimentamos a quienes queríamos… Y ya no habrá vuelta atrás.

Cuando nuestras parejas, con justicia nos abandonen, nos sentiremos humillados y engañados, sin reconocer que el engaño lo hemos procurado nosotros… prometimos una vida de amor, pero terminamos metidos en la cama con nuestro ego.

Cuando nuestros hijos estén grandes, gritaremos y exigiremos que nos tengan en cuenta. En la vejez los culparemos a ellos de nuestra soledad; diremos que son unos ingratos: “Mira todo lo que hice por ellos, gasté mi vida, mis sueños y mi juventud… me quité el pan de la boca para alimentarlos y ahora me han dejado solo”. Mentiras… NO hicimos nada por ellos, los tratamos como carne. Alimentamos sus cuerpos pero no sus espíritus… Los hicimos “huérfanos con papás…”

No se trata solo de repetir “Te Amo” como loros, se trata de vivir, respetar y ser honestos con ese AMOR eterno que juramos bajo la luna o entregamos en una fría sala de partos.

Hay muchas formas de abandonar a la familia, aún estando presente… TULIO Recomienda!

Medítalo y Actúa!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s