Feliz día, mamita!

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“Les conté que te hiciste solita, que tú no habías tenido mamita y, que aún así, sin ejemplo ni patrón, te habías convertido en la MEJOR mamita…”

¿Lo que traigo entre mis manos?
Es mi corazón! Y aunque me lo he sacado del pecho, secado, arreglado y envuelto en papel celofán y cinta Vichy de cuadritos para entregártelo este día… sigue latiendo mamita y seguirá latiendo por ti!!!

Escúchalo… está cantando a gritos… ¿Lo escuchas? Suena como un violín: bombeando animado, jubiloso, risueño, achispado y bailarín… Óyelo mamita! está llorando por ti… Llora de contento, de amor y agradecimiento! Ha venido a decirte que te ama por mil…

No te asustes mamita… No podía ofrecerte menos al fin ¿Te cuento un secreto?

Fui a mil almacenes, caros y baratos, y no pude encontrar un regalo que te mereciera a ti… que expresara este amor… ninguna torta, ninguna joya, ninguna ropa… nada pude encontrar mamita, nada pude encontrar para ti. Así que me planté ante las puertas del cielo… toqué y toqué hasta que el cielo se abrió para mí!

Les hablé de ti mamita, de tu amor, de tu dulzura, de tu entrega y dedicación… les conté de tus noches en vela, de las lágrimas que derramaste por mi, de las veces que soportaste desplantes y groserías… les conté todo mamita: que tú habías sido hermosa y yo una tontería… les conté lo mucho que me enseñaste. Les mostré las huellas de tus abrazos y las profundas marcas de tus besos, los que apretaban mis tripas haciéndolas estallar en mil maripositas. Les conté cómo ponías Mertiolate en mis heridas, Dioxogen bajo mis costras y curitas para cubrir mis raspones.

Les confesé que te hiciste solita, que tú no habías tenido mamita y, que aún así, sin ejemplo ni patrón, te habías convertido en la mejor mamita… jamás por nada, jamás me dejaste solito. Me mostraste lo que era ser un hijito amado, de días eternos, felices y rosados… Y les conté también que, aunque estoy viejo ya, no paras de enseñarme. Así es mamita, les narré cómo hace unos días te levantaste con cáncer y, por mí y por mis hermanitas, te volviste a levantar sin cancer un año después por fin… un poco más flaca, un poco más cansada, un poco más golpeada; pero con la misma fuerza con la que te has enfrentado la vida… Lo sé, sé por qué venciste a ese bicho horrible: sabías que no me podías dejar sin mamita… luchaste como una fiera, firme, animada, con más ganas y me protegiste nuevamente del dolor que habría significado tu pronta partida… todo eso les conté mamita. Ellos me indicaron entonces, señalando mi pecho, en qué almacén podría encontrar un regalo perfecto para ti!

Ni siquiera lo dudé. Todo esto es tuyo mamita. Me abrí el pecho y jale mi corazón y, como te dije antes, lo envolví en celofán! Tómalo, es tuyo, quiero que tú lo tengas otra vez. Tu sola energía me basta para vivir y trascender! Guárdalo mamita, póntelo cuando lo necesites… así estaremos unidos para siempre en un único latido… igual, como cuando estaba en tu barriguita y compartíamos un mismo corazón!

Feliz día mamita!

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