El MANUAL del eterno EMPRENDEDOR

Conferencia

Tú puedes… aunque parezca lejano e imposible, tú puedes emprender y triunfar!

Al principio, yo pensaba igual que tú, era temeroso y negativo: ¿cómo va a ser posible? ¿cómo lo voy a lograr? el triunfo es solo para aquellos que tienen algún capital.

Con el tiempo descubrí que el asunto no tenía mucho que ver con dinero en realidad. Me puse a observar ¿qué tenían en común aquellos emprendedores que habían empezado de cero y hoy eran dueños de sus vidas, su tiempo y sus billeteras? Lo que aprendí lo resumí en 3 conceptos que hoy te quiero regalar: PASIÓN, ENTENDIMIENTO y BONDAD. Eso era todo. No había ningún secreto más.

Con esos 3 juicios, y con una moneda de $200 pesos en el bolsillo, me tracé, en 1.998, una meta ridícula: montar mi propio taller y luego mi propio concesionario de automóviles importados. ¿así o más absurdo?

¿Cómo un tipo que estaba hundido en la escasez, con un hijo en camino, con su carrera artística clausurada y sin haber obtenido título universitario, podría sacar adelante una idea tan descabellada? Esa misma pregunta repetía 3 años después en medio de una charla a un equipo de más de 20 especialistas que trabajan junto a mí en TECNIAUTOS, el primer concesionario FIAT del nuevo milenio en Medellín. En ese entonces revolucionaba el sector automotriz con sus sentidas políticas y su brillante honestidad. ¿Quieres que te diga quién era uno de los dueños? Bien, me costó 3 años llegar a él, a punta de PASIÓN por estos autos (realmente me gustaban demasiado), de entendimiento (consumía todo el material disponible en libros e internet sobre el tema), y de una BONDAD que se convirtió en la más pura solidaridad: nuestro equipo, nuestros clientes, nuestras familias todos empujábamos para el mismo lado. Tecniautos hizo historia y vendió cientos de vehículos nuevos (te lo contaré más adelante), antes que yo, y por motivos de salud, saltara a un nuevo emprendimiento: La Gastronomía.

Los secretos de estos 3 secretos:

PASIÓN
¿Qué es lo que más te apasiona? Esa debe ser la primera pregunta de cualquier emprendedor. Elige trabajar con algo que sepas te va a llenar de felicidad, que tu trabajo terminé convertido en negocio y hobbie a la vez! Es decir, que incluso cuando descanses estés pensando en ¿cómo avanzar, cómo crecer, cómo mejorar? Que adores leer todo lo que tiene que ver con tu tema, ver videos, escuchar conferencias y seguir a reconocidos especialistas del asunto. Que te apasione tanto que no le puedas quitar la cabeza de encima! Que estés tan enamorado que la vida misma se convierta en inspiración continúa. Este es el primer secreto de los grandes triunfadores. Su pasión es tan fuerte y contagiosa, que el mundo entero se compromete con ellos y les ayuda a salir adelante.

ENTENDIMIENTO
No puede haber verdadera pasión sin conocimiento ni entendimiento. Uno no se enamora cuando no conoce de verdad una idea. Así que debes procurar saber lo que más puedas sobre tu emprendimiento: leer, estudiar e investigar (así sea con el doctor Google), hasta convertirte en un sabihondo de lo que promueves. Sin eso, nadie te pondrá atención y estarás destinado al fracaso. Si no estás lleno de lo que impulsas, cualquiera echará por tierra tus ilusiones. A todos nos gusta comprarle o seguir a los que más saben, a los que nos inspiran ganas y confianza! De igual forma necesitarás ese conocimiento para dirigir a quienes trabajarán contigo. ¿Cómo vas a guiar a tu equipo si no tienes ni idea sobre lo que hacen? Cuando te hayas convertido en el que más sabe, en el que más reflexiona y goza su propio tema, el universo entero conspirará a favor tuyo y los clientes te buscarán como locos. ¿Cómo no? Para algunos serás el mejor. Eso te lo puedo garantizar!

BONDAD
Tu primera meta, tu sueño, tu esperanza no debe ser ganar dinero. Eso vendrá como resultado después de poner en acción estos 3 enunciados. Tu máximo fin debe ser mejorar la vida de las personas: la de tus clientes, la de tu equipo, la de tu familia y la de la sociedad. Cuando el centro es el mejoramiento y la felicidad de los demás, el dinero bailará al ritmo que le toques. Economiza en lo que quieras; pero hay 2 cosas que jamás debes sacrificar: ni la calidad de lo ofreces, ni el bienestar de quienes te apoyan. Si engañas a tus clientes con productos o servicios malos, perderás! Si eres injusto y pagas mal a quienes te acompañan, perderás. Recuerda lo que decían las abuelitas: “La Bondad empieza por casa”. Deja de estar sacrificando a tu gente y sintiéndote bien porque ayudas a alguna fundación a final de año. La primera fundación debe ser la de tu corazón y la de los corazones de quienes trabajan para ti. Si dentro de tu emprendimiento todos están contentos porque saben que eres justo y creen en ti y en tus sueños, se matarán por acompañarte al éxito y el éxito te abrazará. De lo contrario, sufrirás todos los días la ingratitud y el abandono. Si eres consciente que entre más ganes más deben ganar los demás (tus clientes, tus empleados, tu familia y la sociedad), habrás alcanzado, además del éxito, la felicidad…


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Ahora, ¿por qué hablo de una moneda de $200 pesos? Para enfocarte: no necesitas una gran suma para empezar. El día que soñé construir un concesionario metí la mano en mi bolsillo y eso fue lo que encontré: una moneda vieja de 200 pesos y un papelito que había rayado con la frase “sí se puede”. Iba hacia mi casa, un pequeño apartamento que unos meses más tarde el banco me habría de quitar, así como me quitaron todo lo demás (me hicieron ligero, aunque al principio no me di cuenta del favor que me estaban haciendo. Lloré mis pérdidas hasta que me quedé seco por dentro y fue la última vez que lloré por algo material).

En una esquina descansaba una indígena, sentada en la base de un enorme guayacán. Le colgaban tres pequeñines: uno chupaba la teta, otro jugaba con un cartón y uno más se deslizaba entre los carros pidiendo algo para comer. Miré mi flaca fortuna (la moneda de 200), y sin pensarlo mucho se la entregué. Siempre he creído que mi vida cambió a partir de ese pago al universo (yo no lo sabía aún). No sé trataba de la moneda, que era poco; ni de la indígena, que mi moneda no solucionaría su economía… se trataba más de mi actitud: al final de mi desastre económico aún tenía la capacidad de dar. Eso hace parte del tercer secreto que te regalé antes: cuando eres generoso, cuando ofrendas y sabes dar, la vida y su energía te devuelven tres veces más. Hoy puedo decirte que DAR es mi piedra angular: “La vida es como un espejo. Si yo sonrío, el espejo me devuelve la sonrisa. La actitud que yo tome frente a la vida, es la misma que la vida tomará ante mí” (Gandhi).

Creo firmemente en ello. Es como te lo dije antes cuando hablé de La BONDAD: “Si eres consciente que entre más ganes más deben ganar los demás (tus clientes, tus empleados, tu familia y la sociedad), habrás alcanzado, además del éxito, la felicidad”… parece mentira. Pero cuando inviertes en los demás, siembras en terreno fértil para luego cosechar la mejor energía. Lo bueno se te devolverá (igual que lo malo). Más adelante te lo demostraré y te contaré cómo mantengo vivo ese canal! Por lo pronto voy a contarte el principio de mi historia como emprendedor.

Aprender a Fracasar!
Soy un tipo construido a punta de fracasos. Esa ha sido mi gran escuela y mi mayor tesoro. He tenido que aprender al revés: “lo que no te mata te fortalece”. En mi caso, esta consigna ha sido palabra de Dios! Ahora no le temo a nada. Me he caído tantas veces y de maneras tan aparatosas, que todo ese fracaso se me volvió libertad! Me acostumbré a él y lo abracé como motivo para emprender. No temas fracasar, teme no aprender nada de ese fracaso. Las caídas te hacen más sensible, más perspicaz. Míralo así: jamás llegarás completo al éxito ni te sentirás totalmente seguro, si antes no te has dado unos buenos golpes: nadie aprende a caminar sin haberse caído muchas veces. Así que, si hoy te sientes fracasado, alégrate, tienes una valiosa motivación. Será el primer escalón a tu libertad. Te lo aseguro, te lo puedo firmar sobre piedra, mañana me dirás: “gracias a Dios pasé aquel duro momento, o no tendría ni valoraría nada de lo que tengo hoy”.

Mis mayores orgullos en esta vida, mis tesoros emocionales, están contados en fracasos, no en triunfos: saber que perdí todo una y otra vez, y que cada vez me levanté con mayor energía, me ha hecho más fuerte, más seguro y más feliz!

Primero lo primero ¿Por qué decidí dejar de cantar y convertirme en un emprendedor?


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Tener una firme motivación!
Para emprender, debes tener una firme motivación. Puede que en el camino tu emprendimiento se transforme o cambie muchas veces; pero una firme motivación será suficiente para mantenerte encausado hasta el final.

¿Qué buscaba cuando empecé con todo esto? Construir un porvenir estable para mi familia y brindar, a los clientes de mi futuro concesionario, tranquilidad y seguridad al comprar un auto. Había sido engañado unos meses atrás por uno de estos concesionarios; en vez de pelear, decidí solucionarlo, convertir esa pérdida en mi nueva forma de vida.

¿Ves lo que te dije? No hablé de dinero en ningún momento. Si le cumples a tu corazón, el dinero llegará a gran velocidad. Sí o sí, necesitas una justa motivación para empezar.

Al analizar a grandes emprendedores, encontré motivos para dejarlo todo sobre la arena: “mi hijo enfermó y necesitaba dinero para sus tratamientos”, “mi padre murió y tenía que salvar la economía de la casa”, “el esposo me daba a golpes, así que huí y empecé solita”, “me quedé sin trabajo y necesitaba seguir pagando el colegio de mis hijos”, “mi marido se fue con su amante y me dejó, con dos hijitos y sin un peso”, “lo perdí todo en un mal negocio y me puse a cocinar”. Cada uno de ellos, con la valentía que les brindó su situación, logró mover el mundo a su favor. Hoy son dueños de sus propias empresas.

No te preocupes. Tu motivación no necesita estar inspirada en una situación extrema. Basta con que desees salir adelante y mejorar la vida de quienes te rodean, para adquirir la fuerza suficiente… así lo hice yo!

Desde chiquito había sido un artista. A los 13 años actuaba en un famoso seriado llamado “Pequeños Gigantes”. De allí salté a la radio (88.9), a los escenarios y a diferentes producciones de televisión. Pero mi búsqueda siempre fue cantar. Para no hacer larga la historia (que más adelante te la contaré con pelos y señales), logré algunos éxitos importantes. Pero en la cúspide de mi carrera, viviendo en los EEUU, recibí la noticia más hermosa: iba a ser nuevamente papá. Ese día decidí cambiarlo todo, apagar mi voz mientras creaba, para mis hijos y esposa, un futuro estable y prometedor. Después de recibir el premio de la Asociación de Cronistas del Espectáculo de Nueva York (ACE, el Grammy Latino de la época), y de ver a Celia Cruz bailando conmigo en el escenario mientras cantaba La Cachucha Vacana, renuncié y me devolví para Colombia.

Siento que fue la primera vez que la palabra “fracaso” empezó a rondarme con gran intensidad. Como no estaba acostumbrado, me dolía. Me la repetían todos los días en los medios, la gente en la calle y hasta algunos familiares: “cobarde, no fuiste capaz”. Así que parte de esto también era demostrar que yo podía empezar de nuevo. Ya no sería un artista, ahora sería un papá!

Dejé atrás la disquera y, durante algún tiempo la pasé muy mal, sobreviviendo apenas con las ayudas de nuestras familias, en especial de la de mi esposa… sus padres, los suegros más hermosos que cualquiera pudiera desear. Lloro mientras escribo esto, porque es mucho lo que les debo y lo que les deberé una eternidad. Su bondad me inspiró a luchar sin renunciar!


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Escribí una carta hace un par de años que se volvió famosa en redes sociales. Allí expliqué mejor ¿el por qué de mi decisión? Creo que no encontraría manera más bella de contártelo otra vez. Esto fue la raíz de todo, la verdadera razón del por qué dejé de cantar para hacerme emprendedor, mi firme motivación: pasión, entendimiento y bondad!

“Cada día aparece alguien que suele llamarme fracasado. Suponen que eso soy porque hace muchos años dejé de actuar en TV, porque abandoné la radio, porque no volví a cantar! Aseguran que la vida me dio la espalda, que lo perdí todo y que ahora nada tengo para ofrecer!

Generalmente evito responder porque no es fácil explicar a los demás que mi retiro obedeció a una decisión de AMOR. Si esto es el fracaso, entonces SÍ, soy un fracasado: El más feliz de todos!

-Estoy embarazada-, me dijo Aleja, y con solo esa frase entendí que todo lo que anhelaba estaba frente a mi: sería el mejor esposo y el mejor papá. Nada más quería ser ¿Perder todo en un mundo donde vales por lo que tienes? Nadie me creyó. Ni la disquera, ni el canal, ni la familia ¿Cómo me iba a bajar de esa nube? Pero a mi esa nube nunca me importó demasiado. Era consciente que había venido para otra cosa. Así que un día, mientras tocaba la barriga de Ale y sentía los golpecitos de esa nueva vida tras su delgada piel, fui consciente de lo que sucedería: mis sueños estaban a punto de transformarse para siempre.

-Voy a retirarme, no puedo someter a nuestro pequeñito a una vida solitaria de escenarios, rumbas y padres ausentes ¿Sacrificar mis sueños? NO! No hay sueño que pueda superar el sueño de ser papá. Por el contrario, ahora voy a correr tras el sueño más grande de todos-.

Han pasado 18 años y para llegar a este punto he hecho de todo, he pasado de todo; pero ni un día me he arrepentido de aquella decisión… ni un solo día! Porque en los momentos difíciles, los abrazos de estos pequeñitos (que ya no lo son tanto), se convirtieron en mi fuerza y mi sostén, y sus besos, en la mejor medicina cuando la desesperación invadía mi corazón ¡Qué buena inversión la que hice! ¡Qué afortunado salto al vacío el que di.

Hoy me siento pleno, con 4 hijos de quienes he aprendido lo que no habría aprendido en mil años de escenarios, canciones o triunfos individuales. Ellos se han convertido en mi realidad y, aunque no me pertenecen, serán siempre mi cielo personal.

Ahora camino con la frente en alto… y si esto me convierte en NADA ante los demás, entonces tengo que aceptar que solo eso soy: un profundo y alegre vacío. Ya no es importante para mi. Lo realmente valioso es que ellos, estos pequeños milagros, me regalaron montañas de esperanza y me dieron fuerza suficiente para emprender una y otra vez”.

Cada uno debe encontrar su firme motivación para emprender. Esta fue la mía: un futuro para mi familia, con un padre cercano y presente.

Ahora sí, ¿cuál fue el engaño que me llevó a fundar una concesionaria sin un peso en el bolsillo y de qué manera lo hice?


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Para emprender uno debe interpretar las señales de la vida, reconocer las oportunidades más fuertes para sacar adelante un proyecto que se extienda en el tiempo y que pueda, además de servir a los demás, ser económicamente viable. No se trata de montar cualquier cosa porque a todos les esté yendo aparentemente bien. Ese ha sido siempre un gran error. Abren una hamburguesería exitosa, al otro día hay 20 más por toda la ciudad, todas cojeando, luchando por subsistir, quebrando precios para superar a la competencia. El anhelado emprendimiento termina entonces convertido en un dolor de cabeza. Al final, subsistirán aquellas que tenían la idea más clara y mejor fundamentada. Las otras se sumarán a la larga lista de intentos fallidos y habrán mellado el animo de quienes invirtieron sus sueños y su dinero en ellas.

Si vas a empezar un emprendimiento, lo haya o no en la actualidad, el mayor valor se lo dará tu compromiso, la consciencia de brindar algo verdaderamente diferente: ¿qué voy a ofrecer para sostenerme en el tiempo y triunfar? ¿por qué alguien me va a preferir sobre la competencia? ¿cómo voy a ser solución y a mejorar la vida de los demás?

Mi encuentro como emprendedor empezó así, tratando de resolver un enorme problema para cientos de clientes de una marca de vehículos que se habían quedado sin respaldo en el país (1.998)… convertí ese problema en inspiración.

A mí llegada de EEUU, con Ale y la nueva vida que crecía en su barriguita, compre un auto nuevo en una concesionaria de Bogotá (yo no sabía aún que este sería mi futuro emprendimiento). En él nos vinimos para Medellín. A mitad de la carretera empezó a fallar: se había roto una manguera del refrigerante y la aguja de la temperatura estaba a mil. Como todos los hombres de aquella época, me creía mecánico (y tratándose de un “simple” recalentamiento), empecé a darle cuantas soluciones se me fueron ocurriendo: remendé la manguera fisurada con un pedazo de neumático, mojé el motor cada hora con agua helada (que desastre), y al mismo tiempo iba cubriendo con Coca Cola las partes más calientes (para lubricarlas, no me preguntes por qué). Conclusión: después de 11 horas de peripecias en carretera, el carro colapsó, quemado del todo, se detuvo gargareando frente a la puerta de nuestra casa, el acero casi caía como jalea sobre el piso, solo le faltó incendiarse… yo estaba tranquilo: “mañana lo llevo al taller y ya está”; pero lo que no sabía era que todos los almacenes y talleres de la marca habían cerrado en el país. ¿Lo puedes creer? Me vendieron un carro sin decirme que, a partir del día siguiente, no tendría garantía, ni talleres, ni mecánicos, ni repuestos. Prácticamente salí del concesionario y bajaron el cartel para que no me diera cuenta (“Huy Echeverry, como que nos tumbaron”).

Con un hijito pidiendo pista para nacer, un carro desahuciado en la puerta de la casa y la ilusión de empezar una nueva vida fuera del mundo del espectáculo descubrí, que en vez de un timo, la vida me estaba dando la respuesta: “si esta marca ya no existe en el país, tienes una gran oportunidad. Habrá cientos, sino miles de clientes FIAT en la misma situación que tu. Soluciónalo ahora, por ti y por los demás”, y así fue como empecé en el mundo de los carros, con la firme determinación de ser respuesta a los clientes de la marca que habían quedado sin respaldo en la ciudad.

Mira a tu alrededor. Todo lo que te cause problemas o lo que te parezca insuficiente y digno de mejorar en cualquier servicio o producto, será también solución para miles de personas como tú. No te dediques a criticar, como no lo hice yo, soluciona y demuestra que lo puedes mejorar. En vez de ponerte a pelear o a llorar tu mala fortuna, aprovecha las oportunidades y saca ventaja de las experiencias. Así encontrarás a tus primeros clientes. Apasiónate, prepárate y lánzate a caminar…


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Los días iban pasando y el dinero escaseando. Era 1998 y el país se hundía en una crisis espeluznante. Unos días antes había firmado los papeles de “desalojo”, aceptando entregar mi apartamento al banco. Apenas si me quedaba algo para subsistir ¿qué puedo decir? El bendito UPAC que se llevó las casas de muchos como un huracán.

Firme a mi propósito de crear un taller empecé a estudiar en una pequeña escuela del centro (la única que podía pagar en ese entonces): ESDE, escuela superior de electricidad, mucho nombre para el garaje de una vieja casona. Eso era todo. 10 humildes estudiantes y un profesor que impartía a media caña. Pero como la diferencia la hace uno (y yo estaba hambriento de saber), empecé a superar las clases y a estudiar 16 horas por día. Me devoraba bibliotecas enteras sobre el tema automotriz. Al cabo de 1 año, era uno de los que más sabía (o por lo menos me sentía muy seguro de lo que hacía).

A eso me refiero cuando hablo sobre el 2o propósito: ENTENDIMIENTO. Cuando vas a emprender debes convertirte en el emprendimiento, apasionarte, ser uno con él: estudiarlo, conocerlo, enterderlo a la perfección. Es imposible que salgas adelante si lo único que sabes sobre tu negocio es que el mecanico, el estilísta, el administrador o el cocinero lo hacen muy bien. Necesitas entender para poder dirigirlos, para ganar su respeto, para liderar y hacer crecer tu negocio. Ese conocimiento será tu mayor activo, de lo contrario siempre estarás en problemas. No importa si se trata de un brownie o de una compañía de aviación: necesitas entender.

La mayoría de emprendedores no tienen idea sobre lo que van a ofrecer. Los motiva ganar dinero rápidamente, solucionar su situación. Por eso les cuesta tanto trabajo salir adelante; cualquier cosa los derrumba. Cuando sabes lo qué haces, cuando conoces, cuando te enamoras del servicio o producto que ofreces, te vuelves tan contagioso y confiable que los clientes correrán tras de ti.

¿Cómo empecé sin dinero? Pensando! Las ideas son lo realmente valioso. A esas alturas no tenía para montar un taller, ni para comprar herramientas. De hecho ya estábamos viviendo de la caridad de nuestras familias. Así que se me ocurrió, para solucionar algo mientras me preparaba, montar un servicio personalizado de reparaciones.

Puse un anuncio en los clasificados: “¿tienes un taller en problemas? Yo te puedo ayudar. Llámame”. ¿Qué crees? Recibí más de 20 invitaciones. Elegí uno de los talleres (el que consideré más profesional), me senté con su dueño y le conté mi idea: yo traería carros averiados de nuevos clientes. El me cobraría un valor con un súper descuento y yo me ganaría el 30% por encima, además de una utilidad en los repuestos (prácticamente me hacía socio sin inversión y sin riesgos). Solucionaba su problema de falta de trabajo a la vez que solucionaba el mío, de falta de dinero.

Empecé a rodar la bola entre amigos y parientes. Sabía que el hecho de llevar el carro al taller para cualquiera era un trauma. Yo me convertiría en solución. ¿Qué ofrecía? Un servicio a domicilio. Iba a sus casas, recogía sus carros, los llevaba al taller, los reparaba y los devolvía en perfectas condiciones. Con eso les evitaba vueltas, les ahorraba tiempo y dolores de cabeza; cuidaba y respondía por ellos y me encargaba de todo. La idea funcionó tan bien que al poco tiempo recibía 3 o 4 carros por día y ganaba una buena suma de dinero… Después de eso descubrí que, en adelante, sería invencible… que las ideas flotaban en el aire. Solo había que ser perceptivo y captar cuales eran las necesidades de los demás!

¿Lo ves? No necesité un centavo para ofrecer un servicio inteligente, sencillo y sin mayores complicaciones; solo tuve que pensar ¿qué falta? y darle solución! ¿Lo pude haber hecho sin haber estudiado un poquito? Sí; pero tal vez no se me hubiera ocurrido y seguro no lo hubiera manejado tan bien. Gracias al conocimiento adquirido, tenía la capacidad de guiar a los mecánicos y luego comprobar si habían hecho bien el trabajo. Era difícil engañarme y por eso mis clientes confiaban en mi. Estaban seguros y tranquilos gracias a mi intermediación… poco tiempo después estaba planeando mi primer taller!

Piensa! Hoy podrías generar tu primera gran idea y solución. Piensa: ¿qué necesita la gente a mi alrededor? Cuando lo tengas apasiónate, estúdialo y hazlo tuyo… a partir de ese momento serás invencible…


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No hay pasión sin conocimiento, ni triunfo sin una noble intención final. Puedes mover el universo a tu favor si haces tuyos estos 3 secretos: Pasión, Entendimiento y Bondad, solo así te volverás un imán para las buenas ideas, la creatividad y el flujo de dinero.

6 meses después de traer y llevar autos abrí mi primer taller. Cristóbal (uno de mis profesores en la escuela), y Alejandro, aquel joven que conocí gracias a los anuncios que había puesto en el periódico, se embarcaron conmigo en esa aventura. Yo no tenía el dinero para empezar, lo que producía alcanzaba “raspado” para mantener a mi recién fundada familia ¿Podría haberme quedado ganando apenas lo necesario con los domicilios y subsistiendo sin pena ni gloria? Seguro que sí; pero una de las motivaciones de cualquier emprendedor es crecer, expandirse, hacerse todos los días más grande: esa es la cuestión. Un buen emprendedor es valiente, arriesgado, jamás se conforma, siempre quiere ser más, saber más, entender más. Sabe que su vida es un continuo salto al vacío, si no, ¿cuál sería la diferencia? Si temes a lo desconocido, entonces empléate y deja que tu jefe tomé las decisiones por ti. Trabaja para el sueño de otros mientras ves envejecer tus propias ilusiones. Por eso es obligatorio apasionarse, un apasionado hace lo que sea por el objeto de su pasión: se construye, se nutre, se entrega, se llena hasta crear un entorno sólido y seguro.

Volviendo al taller: Cristóbal puso las herramientas y Alejandro los 3 meses de alquiler de un local chiquito y desvencijado al que llamamos “Auto Sport”. El primer mes, el profe no aguantó la falta de dinero y partió desilusionado con sus herramientas… en cambio, nosotros, al segundo mes… estábamos peor de quebrados ¿creíste, que sería una historia rosa? ¿de triunfo sin dolor? El éxito no se da así de fácil. Es lo que le pasa a muchos: suponen que al poco tiempo, sin mayor esfuerzo ni sacrificio, verán llover dinero. Cuando se dan cuenta que la realidad es otra, qué hay que dejarlo todo en la arena antes de triunfar, huyen despavoridos.

Lo cierto es que estábamos fritos, ni un alma se acercaba por allí; pero las grandes empresas nacen cuando las tripas aprietan y se desmorona el corazón. En esos momentos difíciles, en los que la mayoría tiran la toalla, sale a relucir la diferencia: o eres empleado o eres futuro empleador. Hay que tener agallas: en esas crisis es cuando aparecen las mejores oportunidades (no hay por qué asustarse), más vale que estés atento y te enganches al primer tren.

Me quedaban solo 30 días. Después de eso estaría nuevamente acabado. Llegué a pensar que la gente a mi alrededor tenia razón: yo había nacido estrellado, no servía ni para fracasado… ¿cómo logré entonces transformar nuevamente mi destino y convertirme en un eterno emprendedor?


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Cuando estás vencido, cuando el ego ha perdido todas las batallas, cuando descubres que caer antes de levantarse es una ecuación normal (que “del piso no puedes pasar, como decían mis padres), nace una nueva libertad… esa libertad es el gran tesoro del emprendedor: la capacidad de reinventarte una y otra vez. Para un buen emprendedor no hay una sola manera de hacer las cosas, hay muchas.

Créeme, si no huyes al primer golpe, ni al segundo, ni a los siguientes diez y sigues alimentando tu pasión, esforzándote, preparándote con firmeza, fiel al propósito de servir bien a los demás, el éxito te va a compensar. ¿Por qué? Lo dije antes: al éxito le gustan los valientes (y al dinero también).

Quedaban pocos días y mi sueño se iría al tarro de basura. Mi carro seguía sin solución aparente ¿te acuerdas del Fiat por el que empezó toda esta historia? Una noche cerré las puertas del taller decidido a no salir hasta encontrar una verdadera solución. En una rabieta, golpee el capó del carro y, como si me escuchara, lo culpé de mi actual desdicha: -todo es tu culpa, maldito-, grité una y otra vez con rabia y desazón: -todo es tu culpa-. Ese desahogo limpió mi razón (o quizás fue la angustia), y en medio de la efervescencia por la inminente quiebra, me di cuenta que la respuesta había estado siempre frente a mi: si yo estaba sufriendo este desamparo técnico ¿cuantos personas en Medellín estarían igual? El camino era ese: dedicarme, no a todos las marcas como lo venía haciendo hasta ahora sin ningún éxito, el camino era “ser solución para los que tenían el mismo problema que yo”.

Al día siguiente Alejo me encontró trasnochado y con un cerro de tarjetas que había impreso en el computador: “Auto Sport, somos especialistas FIAT”.
-¿Estás loco?, no hay repuestos, nosotros no sabemos y… ¿de dónde vamos a sacar a los clientes? ¿Acaso no te das cuenta que estamos acabados?-.

Mientras él hacía los últimos arreglos para cerrar el taller al cumplir el plazo, yo me dediqué a descubrir ¿quienes habían sido dueños de los extintos concesionarios FIAT en la ciudad? Automontaña había sido uno de ellos, luego encontré un par más. Como supuse, tenían en una bodega cientos de repuestos de estos carros. Les conté mi idea y, por liberar espacio y mover el inventario, me lo entregaron todo en consignación. Así les iba pagando a medida que se vendían las piezas. Bueno para ellos, bueno para mí ¿Total de la transacción? cero pesos. Yo me les convertía en un vendedor sin pago para una mercancía muerta, y esa mercancía, en mis manos, se convertía en solución definitiva para el desabastecimiento de repuestos FIAT en la ciudad.

Pregunté por los antiguos mecánicos de la marca y, después de muchas volteretas encontré a un par de ellos: uno trabajaba por la minorista y el otro en barrio triste. Los otrora preparados y elegantes técnicos de la matriz italiana se rebuscaban la vida entre carros viejos, buses y volquetas. Les conté lo que iba a hacer, con tal pasión y convencimiento, que a la semana siguiente estaban trabajando para mí, aceptando pagos por comisión.

Ya tenía los repuestos y la mano de obra (sin haber invertido un peso), ahora faltaba lo más importante: los clientes. Como no había fondos para publicidad (y quedaban solo 16 días para el cierre definitivo), pasé los siguientes días y sus noches buscando, por toda la ciudad, autos Fiat estacionados en las calles, en los centros comerciales, en las universidades y en los hospitales para dejarles en el parabrisas, una de estas tarjeticas: “somos especialistas FIAT”. Los perseguía corriendo por las avenidas, en los semáforos, en las esquinas y barría los barrios en bicicleta, a pie o en buseta con el firme convencimiento de no dejar ninguno sin anunciar.

Buscar soluciones, dar respuesta, pensar bien y profundamente no cuesta un peso y con ello puedes mover el mundo entero a tu favor. Solo tienes que concentrarte y buscar la respuesta. No sé trata de pensar solo en lo que tú quieres. La pregunta correcta para emprender es: ¿qué necesitan los demás? luego apasionarte, luego saberlo todo sobre esa necesidad y, al final, entregarte con justicia, con fuerza y bondad… y el dinero te lloverá.

Aún hay muchas personas que se acuerdan de mí corriendo tras sus carros como un sirirí… ¿funcionó? ¿qué crees que pasó al quemar este último cartucho?


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Ponte a trabajar. No se trata de esperar que la oportunidad correcta llegue a tocar la puerta de tu casa. Busca algo, concéntrate y empieza a hacerlo realidad. Si te mantienes enfocado, con el ojo y el corazón puestos en la grandeza, las ideas empezarán a fluir a tu alrededor, lo que sea que estés haciendo ahora con pasión, entendimiento y bondad, crecerá, se fortalecerá o cambiará para convertirse en algo mayor. Basta de estar sentado esperando que algo suceda… la responsabilidad es tuya: deja de inventar excusas y HAZ QUE SUCEDA!

A 5 días del cierre había logrado entregar unas 200 tarjeticas… 200 personas sabían ahora que existía una solución para sus carros en Medellín. A la mañana del día 3, a 72 horas del final, abrimos la puerta con una fila de 10 carros, montones de citas y decenas de pedidos en repuestos.

¿Me senté a esperar que algo sucediera? ¿Me eché a llorar porque este emprendimiento había fracasado otra vez? ¿Me quejé del gobierno, de la competencia o de la crisis del momento? No! Pensé, observé y solucioné. Moví el destino a mi favor: hice QUE SUCEDIERA!

Un año después, mi socio y yo, teníamos una gran bodega, un equipo de 20 funcionarios y atendíamos 40 vehículos por turno. El antiguo Auto Sport había desaparecido para convertirse en Tecniautos Fiat. Cuando regresó la marca a Colombia fuimos nombrados taller autorizado para Antioquia y distribuidor de repuestos para todo el país ¿Increíble, no? Todo construido a punta de “cacumen, buena lora” y una pasión honesta y desbordada.

“Pensar en los demás”, esa fue la salvación (en ese momento lo aprendí). No estaba enfocado en ver cuánto dinero me iba a ganar, ni qué tan exitoso podría ser en el futuro. Estaba centrado en solucionarle un problema a la gente. Eso me llevó a crear una estructura enorme sin invertir mayor cosa.

Cuando estás pensando en el bien común, la angustia y la ansiedad por tu propia situación se desvanecen, se despeja la razón y es más fácil enfilarse hacia algo útil y duradero. No se trata solo de lo que yo quiero o de lo que yo necesito. Eso siempre termina mal. Tienes que ofrecer algo valioso, algo que alguien pueda necesitar… y el dinero te lloverá. Basta de seguir las modas en el mundo de los negocios, observa, CREA TU PROPIA MODA, sé justo, se juicioso y aprovecha lo que tienes a tu alrededor.

En mi caso aproveché lo que para otros era un estorbo (los repuestos abandonados), busqué a quienes tenían el conocimiento e iguales intereses (los mecánicos de la marca), y luego, preparado con ese arsenal, me fui a solucionar un problema puntual ¿Cómo no se le ocurrió a alguien más? Porque en aquel momento todos huyeron para defender sus propios bolsillos. Les preocupaba perder lo propio; pero a nadie le preocupó lo que perderíamos sus clientes.

Cuando la marca se vino abajo y el pánico se apoderó del mercado, entendí que era mi momento: había que entrar a recoger los pedazos y reconstruir. Ya no lo hice tanto por negocio, se me había vuelto un ideal (por supuesto, después fue un gran negocio).

Mira a tu alrededor: siempre hay un paquete de clientes con una necesidad específica que tú puedes solucionar! Olvídate de ti. Piensa en las carencias y encontrarás tu propia salvación.

Como el mercado crecía tanto en Medellín, los dueños de la matriz, que estaba por ese entonces radicada en Bogotá, decidieron montar su propio concesionario en la ciudad y terminar mi contrato de servicio autorizado (era lógico, yo aún era muy pequeño para tal operación). Ese fue un nuevo final para mí.

Pero hay que entender que la vida es una aventura, jamás, nunca, nada está garantizado ¿Me quejé de la vida o de las injusticias del destino? Nada. Agradecí el tiempo que pude trabajar con ellos (a la postre me habían dado una gran oportunidad sin invertir mayor cosa), cerré el taller y, en cuanto pude, con la sonrisa más grande y el ánimo renovado, volví a las calles a batallar ¿Fue difícil? claro que sí; pero también fue muy divertido. Tras esa ruptura, empezó mi vida en la gastronomía (mira qué afortunado fui).

No sabía que el destino me estaba formando para escribir esta historia: tenía que vivirlo, caer y levantarme muchas veces más hasta aceptarme como el “eterno emprendedor” que sería en adelante… Espera ¿con 40 años, una esposa y 4 hijos tendría que empezar de nuevo? Sí, así sucedió…


manual del eterno emprendedor

El mejor momento para empezar es AHORA, así sean pequeños y débiles tus pasos, el momento es ahora. Que cuando la fortuna toque la puerta de tu casa te encuentre trabajando. Piénsalo así: en unos años estarás más decepcionado por las cosas que no hiciste, que orgulloso por por las que sí hiciste. Las oportunidades no aprovechadas por tontería, dolerán toda la vida.

No importa el tamaño de tus sueños: apasiónate, prepárate y actúa con bondad, de esta manera te convertirás en un emprendedor exitoso. No te detengas por indecisión, ni por qué te has caído hoy (seguramente volverás a caer mañana). Si no has aprendido esto estarás frito: el fracaso construye mil veces más que el éxito. Cada caída, bien entendida, será alimento para tus ideas, callo para tus heridas e inspiración para tu vida. No te acobardes por lo que los demás crean o digan de tu emprendimiento, escucha y aprovecha. Si estás convencido, si sabes cómo hacerlo, si lo que quieres es servir más y mejor, demuéstralo, conviértete en excepción.

Antes de saltar a la gastronomía debo compartirte lo que fue mi orgullo mejor contado en el mundo automotriz: haber vendido decenas de autos (que ya los compradores no querían), en un tiempo récord.

Ya tenía el taller, como te había contado antes, y este me proveía una cierta estabilidad económica pero, igual que al principio de esta historia, mis sueños iban para arriba. Me tracé una meta más inalcanzable: “voy a vender carros de la marca italiana y de allí saltaré a ser un verdadero concesionario”. Las caras de mis amigos se transfiguraron: “este tipo ya enloqueció del todo”. Montar un taller sin tener dinero fue una locura increíble; ¿pero esto? -¿de dónde vas a sacar los muchos millones que se necesitan para comprar los autos nuevos?-.

Llamé a la matriz en Bogotá, les propuse ser su vendedor y representante aquí. ¿Cuál era la ventaja que tenía?, nadie más quería, en ese entonces, meterse en la tarea de vender estos FIAT en Medellín, les tenían un poco de miedo después de sus aparatosas salidas del mercado ¿Qué hice entonces? Propuse solucionarlo si me daban la oportunidad de traer un solo carro prestado en consignación. Prometí, si creían en mi, vender más de 50 (habráse visto mayor locura y atrevimiento). El mercado automotriz estaba creciendo, había una bonanza para todas marcas y yo estaba seguro de poder aprovecharla. No tenía nada que perder. Estos autos me fascinaban tanto, que sabía podría fascinar a los demás y prestarles un gran servicio. La reflexión era: lo intento y, si al final no cumplo mi meta, devuelvo el carro y adiós (aunque esa nunca fue una opción para mi).

Ellos se rieron un rato, reafirmando el pensamiento de mis amigos: “este tipo está loco de remate”. Pero fui tan incisivo, y mi determinación fue tal, que al final decidieron darme la oportunidad (creo más que por sacarme de encima). Sería 1 mes y no arriesgaban mayor cosa: el carro seguiría siendo de su propiedad, a menos que yo lo pagara, y ellos conservarían los papeles hasta ese entonces:
-Aceptamos esta tontería, el único concesionario sin vitrina y con un solo carro… pero si no pasa nada, en un mes no nos vuelve a molestar. Tiene que prometerlo-.

Subarrendé un espacio en el Centro Comercial el Tesoro prometiendo pagar el alquiler a final de mes (era un cuadrito de 4 metros, solo cabía el carro y yo de pie a un lado. En ese entonces era baratísimo). Allí estacioné el FIAT Palio gris plata que me habían prestado. Le pedí a mi madre, que estaba en ese entonces sin trabajo, que me ayudara en algunos turnos ¿Mi estrategia? Nunca traté de venderlo. La verdad es que estaba tan enamorado de la marca, y de la oportunidad que me estaba brindando ahora, que a todo el que se acercaba le hablaba sobre las maravillas de esta máquina, “que no hay mejor carro que un FIAT”, se escuchaba todo el día por los pasillos del centro comercial… con respeto, con devoción, con absoluto convencimiento. Lo había estudiado, probado, armado y desarmado tantas veces que ahora era dueño de una pasión desbordada por la marca, por sus eficientes y sofisticadas creaciones. Al final del mes habíamos vendido 53. ¿Era posible? ¿53? Así fue. Con un solo carro prestado, un pequeño espacio, la ayuda de una persona que se haría matar por mis sueños (mi madre), y la seguridad que esto iba a suceder. 53 compradores nos habían dicho sí, queremos un carro de estos, y me habían entregado su dinero. ¿Te imaginas el susto de quienes manejaban la matriz en Bogotá? No tenían ni como enviarme tanto carro. La carretera a Medellín se inundó con niñeras cargadas de flamantes FIATs.

Al segundo mes había rentado una vitrina sobre la Avenida del Poblado, mi madre había sido nombrada gerente y, con ella la historia creció aún más. Tal vez no sabía mucho de carros; pero sí sabía (como buena madre), servir, cuidar y defender a los clientes por encima de todo. Y estos carros salieron tan buenos, que el resto del trabajo fue demasiado fácil. Su fama empezó a atraer a cientos de compradores y… ya conoces el resto y el final de esta historia. Pero haber logrado algo así, a punta de pasión y sin mayor inversión, siempre será uno de mis triunfos mejor contados!

¿Ves? No importa el tamaño de tus sueños. Si estás convencido que algo puede pasar (si eres apasionado, inteligente y trabajas por un fin mayor), ten por seguro que pasará… que no necesitas dinero para eso (Continuará).

10 comentarios en “El MANUAL del eterno EMPRENDEDOR

  1. Super tulio , en verdad identificado…escuche 88.9 anduve en los carros ,aprendi a cocinar ,ahora en un cuento diferente ,pero siempre emprendedor ,tildado de loco, fracasando y volviendo a empezar ….como continua la historia ,tienes un blog ,un libro

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  2. Tulio muy divertido y ejemplar este manual, me identifico mucho con cada historia…. En ocasiones se siente uno que el mundo se acaba con cada tropiezo, pero en verdad luego entendemos que es el combustible que faltaba para tener éxito…

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  3. Hola Tulio…hace mucho tiempo te sigo, te admito y reconozco por esas lindas batallas libradas….que buena inspiración para quienes como yo queremos cambiar nuestra realidad para impactar la propia y las de las demás…saludos

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  4. Muy encarretado Tulio, quedo al la espera de la siguiente entrega… muy inspiradora tu historia, me identifico muchísimo porque también soy el eterno emprendedor, tuve una pizzería hermosa llamada “Picatto” en Rionegro, una oficina de seguros, una póliza llamada moto asistencia que me devoro y como gomoso de las gafas,estoy en mi siguiente proyecto llamado EasyLens lentes a domicilio y así moriré, como un eterno emprendedor. Un abrazo Tulio y feliz día!

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  5. Tulio, que buen escrito, de verdad muy motivador. Yo quiero emprender, me considero una persona muy organizada, y que logre lo que se promete, sin embargo no encuentro mi passion y por ello es dificil saber en que emprender.

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  6. Primero que todo Tulio Eres un fracassdo de los buenos,de los excelentes,de los fracados de admirar y seguir y seguir por siempre,Tienes lo que te mereces y mucho mas por saber ser un Fracasado.Bendiciones para ti, tu familia y tus negocios. 👍🙉🙌 Linda tu historia.

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