¿Te sirven 1 kilo de CARNE?

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Pedí un coctel (Mojo Potion), y llegó en un acto de santería (que cosa más hermosa): sobre el marco de un espejo, un caldero humeante, un rezo benigno y un fetiche endiablado… pequeño ritual del vudú puertorriqueño para darme la bienvenida a una lujuriosa noche de encuentros.

Los platos empezaron a rodar en fila india: primero un firme pulpo sentado sobre un virgen y apaprikado aceite! Debajo, olivas, papas, ralladura de pimentón y limón. Absolutamente fresco y delicioso! Luego un Tataki de Atún brillante y regustoso, limpiamente tronchado y ordenado sobre el plato, humedecido en una ligera y cítrica soya. A su aire, por el trasto, cremosas pepas de majado de edamame. No recuerdo haber probado otro tan fresco, ni tan equilibrao!

A esas alturas ya lo había entendido: estaba en las manos de uno de los mejores cocineros de este lado del mundo ¿o debería decir houngan, -sacerdote vudú-, para hacer honor a la filosofía del lugar? Respiré profundo y me metí temblando en la segunda parte de este ritual. “Las Raciones”, anunciaba el menú para invocar los fuertes.

Me plantaron un oloroso bacalao sobre un risotto de espinacas y un sombrero de cítricas espumas: limón y naranja! El color y el sabor de la avellanada costra que le cubría me sacó suspiros de la emoción. Sus fibras sueltas, casi nacaradas, su brillo y elevado gusto hicieron historia en mi boca y corazón! Dudo que vaya a olvidar sus lascas de sabor intenso y salino, el sutil amargor final, su firme madurez.

Y llegó el histórico remate: un Chuletón Vaquero que me hizo retozar del susto… casi 1 kilo de Ribeye en gruesas tajadas (964g), con una justa capa de grasa tostada! Nada más suave, nada más jugoso y especial. Encima el hueso desmembrado (que me lo ruñí como un ratón), un chorro de una profunda demi-glace y algunos champiñones rostizados. Comí, gocé, flipé, repetí, volé y nunca terminé! Sin duda alguna, este ha sido el mejor plato de carne y el más impresionante que he comido hasta hoy. Tantas texturas, tanto sabor. La grasita ambarina hecha chicharrón a veces, a veces crema, los jugos maduros, vivos, la temperatura perfecta, el sabor intenso, el hierro y el dulzor! Tremendo final para esta joya del arte parrillero y del buen parrillador!

¿Y ahí terminó el goce? No señor; porque para colmo me la dejaron con varios preparitos bien boricuas: fufú de plátano amarillo (maduro picado y “fritao”), tostones (patacones), y un húmedo arroz de frijolitos al que le dicen “mamposteao”.

VOODO Restaurante

tel: (787) 648-5655
RD 187, KM 2.6, Carolina!
-Vivo Beach Club-
Puerto Rico


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